martes, 15 de agosto de 2017

ANTROPOLOGIA DEL INFINITO


LAS TRAMPAS Y LOS PELIGROS EN EL ESTUDIO E INVESTIGACION DE LA PERCEPCIÓN

Hablar de las trampas de la percepción es un absurdo desde el inicio,
porque la percepción misma es una trampa.

Hablar de los peligros en percepción es como hablar de los peligros de estar vivo.

En realidad no hay ningún peligro, porque lo peor ya sucedió:
estas preso en una trampa perceptual que te hace creer en la realidad,
y lo que es más absurdo aún, que vos sos un "personaje" dentro de esa misma realidad, y la vida es un bien provisorio, que deberás entregar irremediablemente, ni siquiera sabes como ni cuando.

Decir yo creo o yo no creo, son tonterías onanistas de monos lampiños vestidos,
que juegan un juego impuesto que ni siquiera sus reglas conocen.

Es como decir, yo no creo en la muerte.

Todo ese tipo de discusiones ideólogicas, religiosas, políticas, educativas,
familiares, etc, etc, son hechos por personas tan fijas en su personaje que
parecen inmortales.

 El yo no creo en Dios se convierte en rezo cuando la vida te pone de rodillas frente al abismo, y también su opuesto: toda la fe en dios se va al carajo cuando la realidad te mueve.

Todo tipo de estupidez, racional, emocional, creencias, incluso en la muerte o en la inmortalidad, se van al carajo con que se te mueva un poquito el orden con que has arreglado tu percepción.

No existen personas más débiles y vulnerables en el mundo que los creyentes en cualquier fé, incluida la fe del "yo no creo en nada". Hay gente tan tonta que dicen "yo soy ateo", sin percibir que su "yo soy" ya es una creencia, y encima decorada con un baño de instrucciones: "ateo", término que explicarán en general refiriendose a que contrariamente a lo que otros creen, ellos no. Estos pelotudos ni siquiera pudieron encontrar un sistema propio, espejan otros, sin
percatarse que al espejarlo cumplen con todas y cada una de sus leyes.
El creyente mas rematadamente pelotudo es el ateo.

El desconocimiento de las leyes que rigen la percepción es la verdadera ignorancia, el origen  de esta tontería.

La percepción es un orden que estás armando, una interpretación hecha por tí de una realidad que desconoces y es un misterio absoluto, para tí, para la ciencia, para la religión, para quien sea.

El orden que rige tu percepción no es un chiste. Ese orden, cualquiera sea, es la varita mágica que te permite ser tu mismo en el abismo insondable del misterio de la realidad.

Jugar con ese orden es de las cosas mas peligrosas que existen, porque una vez que se rompe es díficil volver a armarlo.

Por eso se habla de disciplinas y estrategias.

El orden de la propia percepción debe hacerse flexible y debe conocerse profundamente, antes de empezar a jugar con él.

Un orden rígido se rompe fácil,
si no se conoce no se puede recuperar.

El peligro de romper el orden perceptual, va desde la locura, hasta cosas peores incluso que la muerte, como quedar para siempre extraviado con cuerpo y todo en percepciones de espacio-tiempo distintas a las nuestras.

Por eso se dice que la percepción no es para mantecas ni almitas débiles autocompasivas, ni para gallitos ególatras que creen que con su kikiriki hacen salir al sol.

 Todo, absolutamente todo en percepción comienza con un solo acto: observarse a sí mismo.

Observarse desapasionadamente, ni para amarse ni para juzgarse ni para cambiarse ni para mejorarse, mucho menos para culparse.

Simplemente observarse.

Observarse actuando, pensando, sintiendo, observar las reacciones de tu cuerpo, tus ataques y defensas, lo que crees y lo que no, en fin todo.

Mas que sacar conclusiones, observarse a sí mismo es un acto de atestiguamiento, que por si solo tendrá un efecto sobre la conciencia.

Observarse a sí mismo produce conciencia

 DIBUJO: ChrisDyer 

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